Opinión

Los adultos mayores y la sociedad actual

Por Jorge Laborda Molteni

La revolución de la longevidad, se mire como se mire, representa un gran salto adelante, un inmenso monumento al ingenio humano, un motivo de celebración.

Más allá de la construccion biológica de la ancianidad, más importante es su construccion social, lo que una sociedad decide qué es un anciano. Se empieza a serlo cuando aparece la sabiduría, se reflexiona sobre el sentido de la vida y se asume la experiencia de lo vivido para encontrar un nuevo sentido y nuevos proyectos reinventándose.

Desde el inicio de la civilización, la humanidad se ha interrogado sobre el tiempo especialmente de su propia existencia. El mundo va camino a poblaciones más longevas, con menos posibilidades de cuidados, portadoras de patologías crónicas, también solas. Realidades todas que nos invitan a pensar sobre el lugar que hoy ocupan los mayores en la sociedad actual, sumadas las advertencias que en 1987 Joan Manuel Serrat nos regaló con su icónica canción, “Llegar a viejo”.

Cambio demográfico…

La demografía, muchas veces silenciosa, está marcando el rumbo. En el plano mundial, la disminución de la natalidad y el aumento sostenido de la esperanza de vida invierten la pirámide etaria. Que la vida se prolongue es una gran conquista. La Argentina también está atravesando uno de los procesos demográficos más profundos de su historia. En pocas décadas, la estructura etaria del país se alteró de manera significativa. La esperanza de vida supera hoy los 77 años y seguirá aumentando. Según RENAPER ya hay 8405 personas mayores de 100 años. Estos cambios sacuden los cimientos de los sistemas que sostienen la vida en sociedad. A la referida caída sostenida de la natalidad se suma un fenómeno inédito: la expansión de la longevidad, cuya combinación tensiona el contrato social, los sistemas previsionales y asistenciales. Los especialistas coinciden en que el gran problema es que los modelos de cuidado en las grandes ciudades no toman en cuenta el cambio sociodemográfico ocurrido. Este cambio plantea desafíos sociales, económicos y sanitarios que requieren una revisión profunda de las políticas públicas y de las actitudes hacia el envejecimiento.

Universo senior

Las mal llamadas “generaciones pasadas” están más vigentes que nunca. Un grupo de personas mayores está rompiendo esquemas al mantener una memoria envidiable y habilidades cognitivas casi intactas, mostrando que la edad no siempre limita las ganas de aprender y disfrutar la vida. Adultos mayores, que conservan una plenitud mental y física comparables a las de personas décadas más jóvenes, desafiando las ideas tradicionales sobre el deterioro cognitivo en la vejez.

Expertos señalan que la genética influye, pero el entorno, la educación continua y el manejo del estrés son clave para mantener capacidades mentales.

Investigaciones indican que, si bien la genética cumple un rol, los factores ambientales y los hábitos de vida, el ejercicio regular, la alimentación balanceada, la estimulación cognitiva, la educación, los lazos sociales y la actitud- son determinantes para alcanzar este perfil.

El análisis incluyó a más de 145000 personas de diferentes edades y mostró beneficios del ejercicio para el envejecimiento.

Mientras la edad cronológica solo indica cuántos cumpleaños hemos celebrado, la edad biológica refleja algo más profundo: cómo afronta nuestro organismo el paso del tiempo. No podemos cambiar la edad cronológica, pero tal vez sí influir en la biológica. No es la cantidad de años lo que nos define, sino cómo los habitamos.

La historia está llena de figuras que recuerdan que la edad también es una construcción de la mente. Solo a modo de ejemplo, el caso de Frank Lloyd Wright que diseñó el famoso Museo Guggenheim de Nueva York a los 91 años, Oscar Niemeyer (1907-2012), el padre de la arquitectura brasileña, Picasso el genio malagueño, Mario Bunge el reconocido filósofo argentino. En todos estos casos vemos que no solo es un tema de longevidad sino de máxima creatividad.

Expertos recomiendan aumentar la ingesta de alimentos frescos y reducir el sodio y los azúcares añadidos para prevenir enfermedades crónicas en la tercera edad.

Por otra parte, la generación silver, nacidos entre 1946-1964, activos digitales y económicamente influyentes, destacan con su inteligencia emocional, reinvención laboral una percepción de juventud superior a su edad cronológica gracias a la “revolución de la longevidad”. Personas conectadas tecnológicamente, que buscan nuevas oportunidades de emprendimiento, aprendizaje y estilo de vida activo, la nueva longevidad.

Nuevos estudios científicos desafían la idea tradicional de que la vejez comienza a una edad fija.

Envejecer es lo más natural del mundo, dentro de doce meses todos nosotros tendremos un año más. Salvo que se produzca un avance científico de proporciones prometeicas, eso no va a cambiar. Lo que sí puede cambiar es cómo envejecemos y cómo vivimos el hecho de envejecer. La idea que la vejez comienza a una edad fija pierde fuerza ante los nuevos hallazgos científicos y sociales pues no existe un punto de inflexión biológico universal que determine el paso de la mediana edad a la vejez.

Edadismo

La expansión del universo senior encuentra como principal obstáculo al edadismo, discriminación por edad que limita el acceso a empleo y complica el aprendizaje de saberes técnicos. El edadismo -una compleja amalgama de prejuicios, tópicos y desconocimiento- sigue muy instalado en la sociedad actual. Combatirlo implica un esfuerzo permanente y conjunto. La sociedad actual es tan variada y compleja que no podemos -ni debemos- dilapidar el capital de experiencia y conocimientos que tienen los mayores. Pero las instituciones muestran prejuicios similares al poner en práctica lo que se denomina “edadismo estructural”. No pesan los años, pesan los prejuicios

Directivas anticipadas

La nueva longevidad favorece la creciente posibilidad de dejar sentado por escrito con qué pautas quieren las personas que se los trate y cuide en sus años finales si no pueden responder por sí mismas. Las directivas anticipadas o medidas de autoprotección, una idea que viene del derecho anglosajón, es una herramienta legal que cada vez más se usa para que la persona establezca cómo quiere vivir sus últimos años, incluso anticipar decisiones como que no quiere ir a un geriátrico y que prefiere cuidadoras domiciliarias. Dejar explicitado por escrito su voluntad en plena lucidez. Dice el filósofo suizo Henry Amiel, “saber cómo envejecer es la obra maestra de la sabiduría y uno de los capítulos más difíciles en el sublime arte de vivir”.

Reflexiones finales…

Hoy tenemos una gama más amplia de modelos en los que inspirarnos para envejecer con audacia y dignidad. Pero no nos dejemos llevar, nuestro objetivo no debe ser reemplazar el culto a la juventud por el culto a los ancianos. No hay que venerar ni vilipendiar ninguna edad, porque cada una de ellas comporta sus propias aflicciones y consuelos. Cada edad vale la alegría vivirse y todas ellas celebrarse sin estereotipos ni prejuicios, algo que actualmente ya no parece una mera ilusión. ¿Quién define la frontera entre la vida biológica y la existencia humana? Albert Camus en su célebre libro La Peste, decía, “La mejor manera de conocer a una sociedad es observando como en ella se ama y como en ella se muere”. Así, la vida, su finitud y este cambio de época que transitamos nos resitúan en una trama mayor que no comprendemos acabadamente, mucho menos dominamos.

(*): Especialista consultor en Gastroenterología. Compilador del libro “Hospital Privado de Comunidad, su historia”.

Te puede interesar

Cargando...
Cargando...
Cargando...